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Nuestro cuerpo, nuestra decisión

Actualizado: 16 ago 2020

Twitter: @cielikolindo

Yolanda Rodríguez Villegas


Acerca de los lemas para la defensa del derecho fundamental de las mujeres a decidir si quieren ser madres o no y cuándo lo quieren ser, he elegido este: “Nuestro cuerpo, nuestra decisión” porque refleja a la perfección que quienes decidimos sobre lo que hacemos con nuestros cuerpos somos nosotras las mujeres. Sin embargo, para que se cumpla es preciso asegurar el derecho al aborto.


Estas palabras tan sencillas y de ‘sentido común’ sobre los derechos de las mujeres, no son simples para todos. De hecho, una de las constantes históricas, políticas, económicas y hasta filosóficas del patriarcado han sido y continúan siendo el control del cuerpo de las mujeres, por ello no quieren entender que somos autónomas.


Gerda Lerner en su obra: “El origen del patriarcado”, asevera que el sostén de este sistema es la división sexual del trabajo, cuya herramienta fundamental para conservar esta división es la perpetuación de la violencia contra las mujeres y su origen radica en la capacidad reproductiva de las mismas.


Cuando los hombres se dieron cuenta que para asegurar su dominio y descendencia sobre las mujeres necesitaban someterlas a un espacio privado como la casa, las labores domésticas y de cuidado, consideraron fundamental el control de la capacidad reproductiva. Es decir, que fueran ellos quienes decidieran si tenían criaturas o no y cuántos, pues aunque solo ellos sostenían económicamente a su familia, siempre era en función de sus propios intereses, nunca de los su pareja, como hasta ahora.


Para mantener ese control, los hombres no han dudado en utilizar la violencia sexual, bien sea a través de las violaciones como herramienta coercitiva, de la prostitución (a la que abocan a las mujeres más vulnerables que no sirven para ‘santas’, esto es, para el matrimonio), la trata, la mutilación genital femenina, y ciertamente, no han dudado en utilizar el tema del aborto como otra forma más de control.


Todos los poderes fácticos que encarnan al patriarcado en su más pura esencia, hablan del aborto como si les correspondiese hacerlo. Las religiones mayoritarias sacralizan el derecho a la vida de los ‘concebidos no nacidos’ y criminalizan a las mujeres que abortan. Huelga decir que estas religiones son dirigidas por hombres que jamás han concebido y parido y que tampoco son capaces de incorporar a sus discursos el respeto a la vida digna de las personas ya nacidas.

Pero, aparentemente estamos en nuevos tiempos, tiempos del 8 de marzo donde las manifestaciones de mujeres por nuestros derechos son cada vez más numerosas en todos los rincones. Ahora, a golpe de click, nos enteramos de lo que pasa al otro lado del mundo y las luchas se globalizan gracias a las redes sociales. Sin embargo, estamos asistiendo a una brutal reacción patriarcal que pone en jaque los derechos conseguidos tras muchos años de trabajo y lucha feminista.


Cada vez que el feminismo avanza, el patriarcado intenta frenarlo, sabe que la consecución por parte de las mujeres de su derecho a decidir sobre sus vidas y sobre sus cuerpos es algo que puede poner en peligro el estatus quo, y por consiguiente, no puede permitirlo. Por ello, ha puesto en marcha toda su maquinaria legal y punitiva para impedir que podamos decidir, infantilizándonos una vez más y queriendo privarnos de derechos fundamentales.


Vemos con inmenso dolor que en Argentina mueren niñas víctimas de violación y sus bebés por no practicárseles un aborto; injustamente en Alabama se prohíbe totalmente el aborto, incluso en casos de violación o incesto. Cada día mueren niñas y mujeres en todo el mundo al practicarse abortos en condiciones inseguras, mientras las pudientes lo hacen en clínicas privadas donde los profesionales que creen que el derecho de las mujeres a decidir es inapelable, reciben castigo. Somos testigos de compañeras feministas que apoyan a mujeres en sus abortos son encarceladas y las que no desean ser madres en su situación son perseguidas, asistimos aterradas a declaraciones de políticos infames que dicen que el aborto no es un derecho de las mujeres, y especialmente, nos acongoja que ese discurso fascista, clasista y profundamente machista tenga quien lo compre.


A pesar de ello, nosotras no nos vamos a cansar nunca porque creemos que nadie y mucho menos los hombres pueden decidir sobre nosotras y nuestro futuro. La educación afectivo-sexual en las escuelas, institutos y enseñanza superior, la movilización feminista, así como la incidencia política para exigir leyes que aseguren nuestros derechos sexuales y reproductivos son las tres patas fundamentales en el camino para la creación de una sociedad en la que las mujeres dejemos de ser ciudadanas de segunda y accedamos plenamente a todos los derechos (incluido el derecho a decidir sobre nuestra capacidad reproductiva).


Nosotras no parimos hijos e hijas para sostener un sistema enfermo o para ‘llenar los parques de niños y niñas’, como dice un político de extrema derecha en España. Las mujeres queremos parir hijos e hijas que sean deseados, y por encima de todo, puedan vivir con dignidad e igualdad en un mundo de paz, libre de violencia.




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