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Soy Mujer No Cis

Autora: Integrante de Frente Feminista Radical Puebla.


Este texto se lo quiero dedicar a mi hermana menor, una niña no conforme con el género, inteligente, amorosa y creativa. Merece un mundo donde no la juzguen por su aspecto ni le digan qué es o no es, debido a las ideas preconcebidas en este mundo patriarcal.


Alguna vez lloré cuando mis tías me dijeron que debía servirle a mi hermano porque él era hombre y yo mujer. Lloré cuando me dijeron que el vecino era mi novio y me iba a casar con él porque yo ni siquiera lo conocía pero sabía que era mayor que yo. Pero para mi “suerte” todo esto se quedaba en dichos, nunca me obligaron a casarme como a la vecina que por tener 30 años y no interesarse en los varones sus padres le arreglaron la boda con su vecino, nunca me dijeron que no podía estudiar como a mi amiga de la primaria a la que su familia no la dejo estudiar la secundaria porque su religión no le permitía a las mujeres estudiar a pesar de que ella siempre estaba en los cuadros de honor, nunca me sacaron de la escuela como a la amiga de mi hermana menor porque su abuela y madre no podían pagar los costos de la escuela pública, no tuve que quedarme en una relación horrible como mi amiga a la que su agresor secuestró, violó y apartó de toda ayuda, nunca tuvieron que decir que mi feminicidio fue suicidio como a mi prima lejana de la que nadie quiere hablar mientras su feminicida sigue vivo y tiene plena custodia de su hijo.


A mí no me dijeron que me estaban haciendo un favor porque me quedaría soltera para siempre como a mi madre cuando decidió estudiar y a los 20 años aún no se había casado. A mí no me dijeron desnuda y puta como a mi bisabuela por usar enaguas cortas y divorciarse de un hombre que la abusaba. Yo no tuve que escuchar que me dijeran asesina como a mi tía después de tener un aborto involuntario.


No, yo tuve más suerte que mis ancestras, más que mis contemporáneas y que las niñas que venían después de mí. Tal vez mi consciencia de que el mundo era injusto para las mujeres comenzó desde muy pequeña, algo malo debía haber en un mundo donde por nacer con vagina te podían asesinar por decir que no, e incluso aunque dijeras que sí. El primer libro que leí se llamaba “La princesa que creía en cuentos de hadas”, un libro de autoayuda para salir de relaciones con potenciales feminicidas, pero un solo libro no te salva de caer en la heterosexualidad obligatoria que desde siempre nos inculcan.


Dos años después de leer ese libro, nació mi hermana menor, ella tiene cierto nivel de acondroplastia y no, no es curable, sólo tratable, cada tres meses debe ir con el endocrinólogo en un IMSS de Puebla para ver cómo va avanzando y hacerse estudios generales. Cuando era más pequeña tenía miedo de ir a la ciudad, sabía que le iban a sacar sangre y pedía llorando que la dejaran en paz, hasta que terminó acostumbrándose a la aguja debido a que pasó un año siendo vacunada con hormonas del crecimiento cada día con la esperanza de que eso le ayudara a crecer un poco más. Las hormonas no sirvieron. Y realmente quisiera entender, porque no lo entiendo, ¿por qué hay padres que hormonan a niños perfectamente saludables simplemente porque no se amoldan a sus prejuicios? Yo no soy madre, pero soy hermana, y verla sufrir cada día por problemas que ellos se pueden evitar me enoja bastante, mi hermana no tuvo opción, ellos sí.


Pero la vida con una hermana a la que tuvieron que hormonar no fue lo que me radicalizó, ni siquiera había hecho la conexión entre ambos eventos. Fue una suerte de vivencias fortuitas que me hicieron cuestionarlo todo.


Pasé todo el sufrimiento de una socialización femenina, fui la adolescente gorda que comía una barrita al día para pesar 40 kg, fui la que se mataba con ejercicio cada día, la que siempre debía tener calificaciones perfectas porque de eso dependía mi beca y que mis padres pudieran costearse mis estudios porque tenía una hermana que necesitaba tratamientos extra, y aún así me compraban ropa femenina para que no desencajara con las niñas ricas del colegio católico, tuve que aprender a maquillarme y depilarme, fui la que se enamoró de su amiga pero desechó la idea porque a las mujeres les deben gustar los hombres, aunque este hombre fuera un chico esquizofrénico que me llegó a gritar, me utilizó para su propio beneficio y me desechó llamándome loca por estar deprimida. Fui la heroína de los libros románticos escritos por varones que se suicidaba por “amor”, porque toda mi vida, mis gustos y acciones giraban alrededor de su existencia, yo no existía para mí misma hasta que tomé mi primera elección, elegí ser una mujer feminista en STEM.


Entré a la universidad asumiéndome feminista a secas, mi concepción de la pornografía venía de una moralina religiosa así que cuando mis compañeros varones me dijeron que las actrices pornográficas y prostitutas decidían hacerlo derribaron mi único argumento. Yo creía en el feminismo de la elección hasta que leí acerca del abolicionismo y entendí que en un mundo patriarcal, las elecciones están condicionadas por la sociedad. Yo no estaba delgada porque yo quisiera, yo no me depilaba, maquillaba y amaba a varones al punto de morir por ellos porque yo quisiera. Yo no quería morir, yo quiero ser libre y existir sin que me limiten con etiquetas de lo que soy o debería ser.


Un día una amiga me preguntó por el feminismo y me mandó un artículo donde hablaban de las “ramas” del feminismo y la que más me convencía era el feminismo radical, comencé a buscar libros y páginas de Facebook de mujeres que hablaran de esto, encontré a EcoFeminismo Radical, me cuestionaba lo que Ixchel iba diciendo o lo que Ayme Román iba diciendo en sus vídeos, descubrí que había un dilema entre el feminismo liberal y el radical acerca de la teoría queer. Yo pensaba que los hombres podían ser feministos y que si un hombre quería hacerse responsable de un bebé la mujer debía tenerlo, y pues fue fácil asumir que los trans merecían pertenecer al feminismo, me comencé a cuestionar esta etapa cuando vi a “mujeres trans” diciéndose lesbianas y coercionándolas a tener relaciones sexuales con ellos, a pesar de que era obvio que a las lesbianas no les gustan los falos, me comencé a cuestionar a los feministos y aliados cuando me di cuenta de que una podría no ser la sobrevivienta del abuso de estos pero otra sí. Entendí la importancia del separatismo con esto.


En esas épocas comencé a comprar y leer libros exclusivamente de mujeres y por pura suerte encontré un libro de Laura Lecuona, “Las mujeres son seres humanos”, me lo leí en dos horas y sentí que todo tenía sentido, en esas épocas aún no tenía Twitter así que no me enteré de cuánto odio y acoso le podía llegar a una mujer por dar su opinión, sino hasta medio año después. Comencé a leer acerca de las infancias trans y me sentí tan enojada del nivel de conservadurismo que había en pensar que porque a un niño le gustara el rosa y las muñecas, eso lo volvía mujer, y que por ello debían ser hormonados y sufrir las consecuencias de por vida.


Pasó un año para que entendiera el dolor de tener que callarme para que no me dijeran TERF, me uní a una colectiva porque sentí que leyendo y escribiendo lo que yo pensaba no era suficiente para mí, debía pasar al siguiente nivel.

Me callé, me sentí coercionada a pasar tiempo con varones en la noche porque estas mujeres lo hacían, hasta que una chica dijo que no se sentía cómoda se salió y entendí que no podía crecer en un lugar donde me sintiera obligada a silenciarme por convivir. Seguí mi propio camino, leyendo, apartándome más del feminismo mainstream de la ciudad de Puebla hasta que me encontré con las mujeres que creamos el Frente Feminista Radical Puebla, desde la horizontalidad, desde el cuestionamiento, desde el querer alzar nuestras voces porque no estábamos cómodas con que nos sacaran de nuestras propias espacias.


Pero el odio no tardó en llegar a nuestra pequeña colectiva, durante una acción a la que asistimos porque las chicas se habían quejado de la presencia de varones en el performance de Un violador en tu camino, mi compañera sacó a un transfemenino del espacio separatista, cuando dicen que tendríamos que revisarle los genitales a una persona para ver si es hombre o mujer realmente nos están tachando de estúpidas, es obvio, era obvio que era un varón y no sólo por su físico, sino por su forma de dirigirse a nosotras en ese momento y en el futuro. Se victimizó en redes sociales y a las mujeres que apenas llevábamos un mes accionando nos amenazaron con todo, nos insultaron y llamaron de todo, casi todas las colectivas poblanas se posicionaron en nuestra contra y nos cerraron las puertas para cualquier acción. Este sujeto a día de hoy sigue acosándonos, es una persona muy obsesiva que sólo figura cuando nos ataca.


A veces me acuerdo entre risas y pena que pensé en que deberíamos mandarle un mensaje desde el Frente diciéndole que no era nuestra intención discriminarlo, que simplemente pedíamos separatismo, pero mis compañeras me dijeron que no valía la pena y a día de hoy les doy toda la razón del mundo. Yo quería que este sujeto no se sintiera mal todavía adoctrinada en la heterosexualidad obligatoria y el querer complacer a los varones.


Recuerdo el día en el que una chica de mi facultad me dijo que no le gustaba el radfem porque eran TERFs, le dije que ese era un insulto misógino, ella me dijo que las mujeres trans eran mujeres como si fuera un rezo, le pregunté cuántos libros de feminismo había leído, me dijo que ninguno. Y ahí entendí de dónde venía, porque todas pasamos por esa etapa donde creemos que conocer la teoría es de burguesas, cuando no saben ni de teoría ni qué es ser burgués, yo no lo soy, pero me he tomado el tiempo de leer y entender que la historia de las mujeres, la ginialogía, debe ser conocida, es una deuda histórica el conocer lo que otras mujeres pensaron en otros tiempos y darnos cuenta de que a pesar de que ya pasaron años, décadas y siglos, las cosas no han cambiado mucho.


Después de ser tocada a los cuatro años por un familiar, tener que callar mi amor a las mujeres y conformarme con varones que me trataban mal, soporté y callé el acoso de profesores del bachillerato, de hombres en el transporte público, de compañeros dentro de la universidad, del profesor que me tocó mientras yo tenía fiebre, y ahora me vienen con que tengo que soportar el acoso a nivel nacional de hombres que se dicen mujeres porque son los seres más oprimides del mundo. No, ya me callé demasiado, ya no van a tener la comodidad de nuestro silencio, no somos inferiores a ustedes, somos humanas, somos mujeres, no somos cis, no somos lo que ustedes quieren que seamos, no soy la abusada, no soy la acosada, no soy la loca, soy la mujer a la que no van a callar.


Cada día me voy cuestionando más las cosas, no digo que el feminismo radical sea la particularidad que voy a elegir por el resto de mi vida porque existen otras ramas como el lesbofeminismo, y este me hace más sentido para esta existencia que se bifurca en mi vida personal y mi vida política pero que siguen existiendo juntas en esta cuerpa sexuada, en esta cuerpa trinchera que pongo al frente para que mi hermana nunca tenga que callarse lo que le incomoda, lo que piensa y siente.


Hace poco volví a leer mi poema favorito de Alfonsina Storni, Frente al mar, el cual me aprendí una vez durante el bachillerato para un concurso, y lo entendí de una manera bien diferente,

Quisiera no entender, pero no puedo:

Es la vulgaridad que me envenena

Me empobrecí porque entender abruma,

Me empobrecí porque entender sofoca


Yo ya no puedo regresar a los días en los que no entendía, ya no puedo no ver la opresión y quedarme callada ante la injusticia. Es difícil, es duro, es sofocante, pero me siento más libre ahora que puedo ver claramente con estas gafas violeta, ahora que puedo aceptarme como lo que soy, una mujer, no la otredad, no la que no es, no la cis.



Hemos decidido juntar testimonios de mujeres feministas que no están de acuerdo con el borrado jurídico, explicar el por qué y tratar de llegar a más mujeres para hacer consciencia de lo que significan las leyes de identidad de género.


La Revista Politique en colaboración con Frente feminista Radical Puebla hemos elaborado una campaña digital llama #SoyMujerNoCis, con la finalidad de posicionar el tema en México como un debate urgente. Como feministas con pensamiento crítico, somos abolicionistas del género y, reflexionamos desde un paradigma político emancipatorio.

Nos pronunciamos en contra de la misoginia de las leyes de identidad de género.

 
 
 

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